La luz natural plantea una tensión constante en el diseño de museos. Su exceso puede dañar obras sensibles, pero su ausencia genera espacios dependientes de iluminación artificial. Resolver este equilibrio se ha convertido en uno de los retos centrales de la arquitectura contemporánea.
Lejos de evitarla, algunos proyectos trabajan la luz como una materia más del diseño, integrándola en la experiencia espacial y en la estrategia energética del edificio. Estos son algunos ejemplos muy interesantes.
A orillas del río Hantangang, en Corea del Sur, el Jeongok Prehistory Museum, diseñado por XTU Architects, se presenta como una forma sinuosa inspirada en las pieles de dragones y serpientes de la tradición local.
Su envolvente de acero inoxidable perforado permite la entrada controlada de luz natural, generando interiores cambiantes según la climatología. Detrás, una doble piel acristalada estabiliza la temperatura y reduce el deslumbramiento, limitando la necesidad de climatización.
El resultado es un espacio donde la luz está presente sin comprometer la conservación de las piezas.
En Chicago, la ampliación del Art Institute of Chicago, diseñada por Renzo Piano, incorpora una cubierta conocida como flying carpet. Esta estructura, formada por miles de lamas de aluminio, actúa como un filtro que difumina la luz solar.
El sistema permite iluminar las galerías con luz natural controlada, reduciendo al mismo tiempo la demanda energética del edificio.
En Biarritz, la Cité de l’Océan, diseñada por Steven Holl, integra lucernarios y superficies acristaladas que introducen la luz natural en sus espacios expositivos.
Estas estrategias reducen la dependencia de iluminación artificial y refuerzan la relación entre el edificio y su entorno, vinculando la experiencia interior con el paisaje atlántico.
El Louvre Abu Dhabi, diseñado por Jean Nouvel, plantea una de las soluciones más reconocibles. Su gran cúpula, formada por capas superpuestas de patrones geométricos, filtra la luz solar creando el efecto de “lluvia de luz”.
Este sistema permite sombrear los espacios exteriores y controlar la entrada de luz en el interior, reduciendo la ganancia térmica en un clima extremo.
En estos ejemplos, la luz deja de ser un condicionante para convertirse en una herramienta de diseño. Su control permite reducir el consumo energético, optimizar el confort y definir la atmósfera de los espacios.
Más allá de su dimensión técnica, la luz introduce una relación directa con el entorno, conectando el edificio con los ciclos naturales. Diseñar con luz implica trabajar con algo cambiante, inmaterial, pero determinante. Una materia que no se construye, pero que da forma al espacio.
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