La captación de agua de lluvia permite recoger y almacenar la precipitación para su reutilización, reduciendo la demanda sobre las redes de abastecimiento. En el ámbito cultural, esta estrategia convierte la arquitectura en un sistema activo, capaz de integrar forma y función en torno a la gestión de recursos.
En Singapur, el ArtScience Museum lleva esta idea al centro del proyecto. Su cubierta, inspirada en la forma de un loto, canaliza el agua de lluvia hacia una cascada de 35 metros situada en el atrio central, que desemboca en un estanque inferior.
Los pétalos de la cubierta, construidos con polímero reforzado con fibra, recogen el agua, que posteriormente es filtrada, desinfectada y reutilizada en sanitarios y en el mantenimiento del paisaje. Este sistema permite ahorrar cerca de 400.000 litros de agua al año.
Diseñado por Safdie Architects e inaugurado en 2011, el edificio refleja el contexto específico de Singapur, un territorio sin fuentes naturales de agua dulce que ha desarrollado una estrategia avanzada de gestión hídrica. En este marco, el museo actúa como una expresión arquitectónica de esa relación con el recurso.
Diseñado por Safdie Architects e inaugurado en 2011, el edificio refleja el contexto específico de Singapur, un territorio sin fuentes naturales de agua dulce que ha desarrollado una estrategia avanzada de gestión hídrica. En este marco, el museo actúa como una expresión arquitectónica de esa relación con el recurso.
Más allá de su dimensión formal, el proyecto muestra cómo la arquitectura puede integrar infraestructura y experiencia, haciendo visible un proceso que habitualmente permanece oculto.
Otros museos aplican estrategias similares desde un enfoque más discreto. El Perot Museum of Nature and Science en Dallas combina la captación de lluvia con la recuperación de condensación de sus sistemas de climatización, cubriendo aproximadamente el 75% de sus necesidades de agua no potable.
En Londres, la Tate Modern incorpora sistemas de recogida de agua de lluvia junto con herramientas de monitorización que permiten optimizar su uso y detectar ineficiencias. El museo reutiliza cientos de metros cúbicos de agua al año en sus instalaciones.
En estos casos, el agua deja de ser un elemento externo o un problema a gestionar para convertirse en un recurso integrado en el proyecto. Ya sea visible, como en Singapur, o incorporado de forma más silenciosa, su reutilización forma parte de una arquitectura que responde a su entorno.
En este sentido, el diseño no solo organiza el espacio, sino también los flujos que lo atraviesan. Entre ellos, el agua.
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